Dos amigos caminaban por la orilla de la playa cuando, de pronto, comenzaron a discutir. La discusión se volvió tan acalorada que uno le dio una bofetada al otro. Sin decir una palabra, el que había sido golpeado en el rostro escribió en la arena : "Hoy mi amigo me dio una bofetada".
Mas tarde ese mismo día los dos amigos se estaban bañando en la playa. Uno de ellos, el mismo que había sido golpeado, nadaba en aguas profundas cuando, de pronto, comenzó a ahogarse. Sin pérdida de tiempo, olvidando la rencilla que los había separado, su amigo nadó con todas sus fuerzas y logró rescatarlo. Después de haber recuperado sus energías y agradecido a su amigo por lo que había hecho, el joven rescatado escribió en una gran piedra: "Hoy mi amigo me salvó la vida".
Al observar esto, su amigo le dijo, curioso:
-Después que te golpeé, escribiste en la arena. Ahora que te salvé, escribiste en una roca. ¿Por qué?
-Cuando un amigo nos hiere- respondió el joven- tenemos que escribir la ofensa en la arena, para que los vientos del olvido borren ese ingrato recuerdo.
Pero cuando un amigo bendice nuestra vida tenemos que grabar su acción en la piedra, de modo que ningún viento, por fuerte que sea, pueda borrar jamás lo que ha hecho por nosotros.
¿Dónde estás escribiendo las ofensas que te han hecho tus seres queridos? ¿Por cuanto tiempo esos recuerdos van a herir tu corazón? ¿ Dónde estás registrando lo que esas mismas personas, u otras cercanas han hecho por ti? ¿Les has dicho lo mucho que agradeces ese favor, esa bendición?
Quiera Dios que, a partir de hoy mismo, escribas las ofensas de tus mejores amigos en la arena; y sus bendiciones, en la roca.
Promesa:
"Que la paz de Cristo reine en sus corazones porque con este propósito los llamó Dios a formar un solo cuerpo. Y sean agradecidos." (Colosenses 3:15)
Seguidores
Mostrando entradas con la etiqueta paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paz. Mostrar todas las entradas
sábado, 16 de febrero de 2013
sábado, 12 de enero de 2013
El agricultor sabio
Un agricultor chino llevaba sobre su hombro una vara, y en una punta de esta una olla con sopa. Los caminantes que pasaban golpeaban la olla, la cual finalmente cayó al suelo y se quebró. El agricultor siguió caminando tranquilamente sin mirar atrás. Un espectador un poco admirado le preguntó:
-Señor, ¿no se da cuenta de que la olla cayó y se quebró?
-Oh, sí- respondió el agricultor sonriendo-. Lo sé. Sentí cuando cayó.
-Entonces, ¿por qué no se detuvo e hizo algo?
-La olla está quebrada, ¿verdad?- respondió el agricultor.
-Sí- contestó el hombre sorprendido.
-La sopa se derramó, ¿verdad?- agregó el agricultor.
-Sí, pero ¿por qué no se detuvo e hizo algo?- le preguntó el hombre un poco impaciente.
-¿Y qué podía hacer yo? La olla está quebrada, la sopa derramada, y nada puede ya remediarlo. En mi casa me espera una mesa preparada. No tengo tiempo para mirar una olla en pedazos y una sopa derramada.
Es muy probable que este agricultor no sufriera de nervios o de estrés. Había aprendido a ajustarse a las dificultades de la vida; no permitía que los reveses trastornaran su manera correcta de vivir.
Debemos aprender a disfrutar de verdadera paz y a iluminar el camino de los que viajan con nosotros.
La vida se compone de cosas buenas y cosas desagradables; sin embargo, no tenemos por qué perder nuestra tranquilidad en medio de las dificultades. Debemos reajustarnos para poder vivir. Debemos demostrar que el "Señor de paz" dirige nuestra vida y la adapta a las circunstancias.
PROMESA:
Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. (1 Tesalonisenses 3:16)
-Señor, ¿no se da cuenta de que la olla cayó y se quebró?
-Oh, sí- respondió el agricultor sonriendo-. Lo sé. Sentí cuando cayó.
-Entonces, ¿por qué no se detuvo e hizo algo?
-La olla está quebrada, ¿verdad?- respondió el agricultor.
-Sí- contestó el hombre sorprendido.
-La sopa se derramó, ¿verdad?- agregó el agricultor.
-Sí, pero ¿por qué no se detuvo e hizo algo?- le preguntó el hombre un poco impaciente.
-¿Y qué podía hacer yo? La olla está quebrada, la sopa derramada, y nada puede ya remediarlo. En mi casa me espera una mesa preparada. No tengo tiempo para mirar una olla en pedazos y una sopa derramada.
Es muy probable que este agricultor no sufriera de nervios o de estrés. Había aprendido a ajustarse a las dificultades de la vida; no permitía que los reveses trastornaran su manera correcta de vivir.
Debemos aprender a disfrutar de verdadera paz y a iluminar el camino de los que viajan con nosotros.
La vida se compone de cosas buenas y cosas desagradables; sin embargo, no tenemos por qué perder nuestra tranquilidad en medio de las dificultades. Debemos reajustarnos para poder vivir. Debemos demostrar que el "Señor de paz" dirige nuestra vida y la adapta a las circunstancias.
PROMESA:
Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. (1 Tesalonisenses 3:16)
jueves, 10 de enero de 2013
Sólo 10 años de paz
Con la ayuda de las computadoras se ha reunido y analizado una cantidad inmensa de información. Un ciudadano de Noruega, usando una computadora, ha hecho los siguientes cálculos en cuanto a la guerra y a la paz: durante los 5.560 años de historia escrita ha habido 14,531 guerras, y durante 185 generaciones de la raza humana ha tenido únicamente 10 años de paz.
El historiador griego Herodoto, llamado el "padre de la historia", dijo: "Ninguno es suficientemente loco para escoger la guerra en vez de la paz; pues en la paz sepultamos a los padres, pero en la guerra sepultamos a los hijos."
Sí, es una locura escoger la guerra en vez de la paz. Pero para poder disfrutar de tranquilidad debemos invitar a Jesús a entrar en nuestro corazón. La paz es posible solo cuando el Príncipe de Paz es el gobernante de cada corazón. La paz gobierna cuando Cristo dirige la mente.
Oremos hoy para que haya paz en nuestro hogar, en nuestra ciudad y nación. Pidamos a Dios la virtud de ser pacificadores.
PROMESA:
La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan 14:27)
El historiador griego Herodoto, llamado el "padre de la historia", dijo: "Ninguno es suficientemente loco para escoger la guerra en vez de la paz; pues en la paz sepultamos a los padres, pero en la guerra sepultamos a los hijos."
Sí, es una locura escoger la guerra en vez de la paz. Pero para poder disfrutar de tranquilidad debemos invitar a Jesús a entrar en nuestro corazón. La paz es posible solo cuando el Príncipe de Paz es el gobernante de cada corazón. La paz gobierna cuando Cristo dirige la mente.
Oremos hoy para que haya paz en nuestro hogar, en nuestra ciudad y nación. Pidamos a Dios la virtud de ser pacificadores.
PROMESA:
La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan 14:27)
lunes, 16 de julio de 2012
Mirando el futuro sin temor
En la galería de arte de Manchester puede verse un famoso cuadro titulado: “En tus manos, Señor.” Acerca del cual el artista dijo: “Si mi cuadro no lleva una lección para la época presente, diré que he fracasado.”
El cuadro representa a un joven caballero revestido de su armadura, montado en un caballo blanco, cuya cabeza inclinada, nariz temblorosa y miembros nerviosos , denotan un intenso terror. Al pie del cuadro se ven tres perros de caza que también miran con terror hacia adelante, donde se extiende el desierto con sus peligros y terrores desconocidos. El caballero siente temor; pero hay en él algo que lo eleva sobre su miedo: es la fe. Levantando su espada, dice: “En tus manos, Señor”, y prosigue su camino. Por la fe domina su temor y dice: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno porque tú estarás conmigo.”
Esta historia nos enseña que debemos vivir una vida sin temor.
Promesa: "Jesús nos dice en su Palabra: La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo". (Juan 14: 27.)
La paz que Cristo dejó a sus discípulos y por la cual oramos, es la paz que proviene de la verdad. Afuera puede haber guerras y rencillas, envidias, celos, odio y revueltas; pero la paz de Cristo no es la que el mundo da o quita. Puede permanecer en medio de la persecución de los espías y la más enconada oposición de los enemigos de Dios... Cristo no trató nunca de conseguir la paz traicionando sagrados cometidos.
Los seguidores de Cristo deben afirmar en su mente la decisión de que nunca transigirán, ni cederán en un ápice sus principios para atraerse el favor del mundo. Tienen que aferrarse a la paz de Cristo.
(E. White/ Dios nos cuida)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




