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domingo, 22 de julio de 2012

Pon a tiempo tu reloj

En un pueblecito, un hombre al ir todos los días a trabajar a la fábrica, se paraba frente al escaparate de una tienda del pueblo y miraba allí unos segundos. Después seguía su camino, Así lo llevaba haciendo por años, dos veces cada día.

El dueño del establecimiento estaba intrigado acerca de la conducta de aquel vecino. Siempre miraba en el escaparate pero nunca entraba en la tienda. Un día decidió preguntarle qué era lo que le hacía detenerse y mirar. Le esperó a que pasara y cuando llegó, le llamó.

Vecino- le dijo-llevo muchos meses observando que dos  veces cada día usted se pone frente a mi escaparate, mira y luego se va. ¿Qué es lo que mira?

Le contesto:-Yo trabajo en la fábrica del pueblo y una de mis responsabilidades es tocar la sirena que indica la hora de entrada y salida del trabajo. Al ir cada día a la fábrica paso por aquí para comprobar con el reloj que usted tiene en la pared que el mío tiene buena hora. Si hay alguna variación pongo mi reloj con el suyo y así toco la sirena.

El comerciante le había estado escuchando primero con curiosidad y luego con gran asombro. Al terminar el hombre, le respondió:

-Pues mire lo que son las cosas de la vida, yo pongo la hora en mi reloj cuando escucho el toque de la sirena de la fábrica. Cada vez que suena la sirena, yo miro mi reloj y si hay variación, lo corrijo poniéndolo en la hora con el toque de la sirena.


Asi hay muchas personas en la vida que ponen el reloj de su existencia, según la hora que marquen los demás. No tienen nunca hora propia ni buscan puntos de referencia más altos. Otros también se fijan en ellos y ponen su reloj con el toque de sirena que ellos dan.
Nuestra guía debe ser la Palabra de Dios.  Esta Palabra es tan clara que nadie tiene por qué extraviarse a menos que permita que sus tendencias heredadas y cultivadas lo lleven a hacer el mal.  Nuestro Redentor enfrentó los arteros ataques del enemigo con las palabras: "escrito está." Que la Biblia sea en tu vida, "una lámpara a tus pies y una lumbrera en tu camino."

jueves, 19 de julio de 2012

Una experiencia viva

Un ateo dictaba una conferencia ante una gran auditorio, y después de haber finalizado su discurso, invitó a cualquiera que tuviese preguntas a que subiera a la plataforma. Después de unos momentos un hombre que había experimenta en su vida la conversión, aceptó la invitación  sacando una naranja comenzó a pelarla lentamente.


El conferencista le pidió que hiciera la pregunta; pero el hombre continuó imperturbable pelando la naranja, al termino de la cual se la comió. Cuando terminó de comérsela se volvió al conferencista  y le preguntó:

-¿Estaba dulce o agria?

-No me preguntes tonterías- respondió el orador enojado- ¿Cómo puedo saber el gusto sino la he probado?

Entonces el cristiano convertido dijo: y ¿Cómo puede usted saber algo de Cristo si nunca lo ha probado?


lunes, 16 de julio de 2012

Mirando el futuro sin temor

En la galería de arte de Manchester puede verse un famoso cuadro titulado: “En tus manos, Señor.” Acerca del cual el artista dijo: “Si mi cuadro no lleva una lección para la época presente, diré que he fracasado.” 
 El cuadro representa a un joven caballero revestido de su armadura, montado en un caballo blanco, cuya cabeza inclinada, nariz temblorosa y miembros nerviosos , denotan un intenso terror. Al pie del cuadro se ven tres perros de caza que también miran con terror hacia adelante, donde se extiende el desierto con sus peligros y terrores desconocidos. El caballero siente temor; pero hay en él algo que lo eleva sobre su miedo: es la fe. Levantando su espada, dice: “En tus manos, Señor”, y prosigue su camino. Por la fe domina su temor y dice: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno porque tú estarás conmigo.”
Esta historia nos enseña que debemos vivir una vida sin temor.
Promesa: "Jesús nos dice en su Palabra: La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.  No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo". (Juan 14: 27.)

La paz que Cristo dejó a sus discípulos y por la cual oramos, es la paz que proviene de la verdad.  Afuera puede haber guerras y rencillas, envidias, celos, odio y revueltas; pero la paz de Cristo no es la que el mundo da o quita.  Puede permanecer en medio de la persecución de los espías y la más enconada oposición de los enemigos de Dios... Cristo no trató nunca de conseguir la paz traicionando sagrados cometidos. 
Los seguidores de Cristo deben afirmar en su mente la decisión de que nunca transigirán, ni cederán en un ápice sus principios para atraerse el favor del mundo.  Tienen que aferrarse a la paz de Cristo.
(E. White/ Dios nos cuida)

jueves, 12 de julio de 2012

¿Tienes algo que agradecer?

Relato:Un grupo de jóvenes le preguntaron a un anciano lo que era para él la gratitud. Y el les explicó con la siguiente ilustración: “miren muchachos, si en este momento me dan un plato lleno de arena y me dicen que hay partículas de hierro en él, puedo quizá buscarlas con mi vista e incluso con el tacto de mis dedos y no encontrarlas. Pero si tengo un imán y busco con él en el interior de la arena atraeré las casi invisibles partículas de hierro con el poder de su atracción.


El corazón lleno de pecado no es agradecido, al igual que mis dedos, no descubre nada bueno. Pero dejemos que el corazón agradecido pase a lo largo del día y veremos cómo su magnetismo encuentra el hierro. Hallará cada día que en la arena de la vida hay grandes bendiciones del cielo que sólo los corazones agradecidos saben detectar y gozar.”