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sábado, 16 de febrero de 2013

La arena y la roca

Dos amigos caminaban por la orilla de la playa cuando, de pronto, comenzaron a discutir. La discusión se volvió tan acalorada que uno le dio una bofetada al otro. Sin decir una palabra, el que había sido golpeado en el rostro escribió en la arena : "Hoy mi amigo me dio una bofetada".


Mas tarde ese mismo día los dos amigos se estaban bañando en la playa. Uno de ellos, el mismo que había sido golpeado, nadaba en aguas profundas cuando, de pronto, comenzó a ahogarse. Sin pérdida de tiempo, olvidando la rencilla que los había separado, su amigo nadó con todas sus fuerzas y logró rescatarlo. Después de haber recuperado sus energías y agradecido a su amigo por lo que había hecho, el joven rescatado escribió en una gran piedra: "Hoy mi amigo me salvó la vida".


Al observar esto, su amigo le dijo, curioso:
-Después que te golpeé, escribiste en la arena. Ahora que te salvé, escribiste en una roca. ¿Por qué?
-Cuando un amigo nos hiere- respondió el joven- tenemos que escribir la ofensa en la arena, para que los vientos del olvido borren ese ingrato recuerdo.
Pero cuando un amigo bendice nuestra vida tenemos que grabar su acción en la piedra, de modo que ningún viento, por fuerte que sea, pueda borrar jamás lo que ha hecho por nosotros.

¿Dónde estás escribiendo las ofensas que te han hecho tus seres queridos? ¿Por cuanto tiempo esos recuerdos van a herir tu corazón? ¿ Dónde estás registrando lo que esas mismas personas, u otras cercanas han hecho por ti? ¿Les has dicho lo mucho que agradeces ese favor, esa bendición?

Quiera Dios que, a partir de hoy mismo, escribas las ofensas de tus mejores amigos en la arena; y sus bendiciones, en la roca.

Promesa:
"Que la paz de Cristo reine en sus corazones porque con este propósito los llamó Dios a formar un solo cuerpo. Y sean agradecidos." (Colosenses 3:15)

domingo, 5 de agosto de 2012

Estas a pocos centímetros ...

Se cuenta la historia de un hombre que estaba muy cansado y decidió descansar en las ramas de un árbol. Encontró un buen lugar y tuvo un buen descanso.

Dormía tan a gusto que se le olvidó que estaba en una rama. Pasaron las horas y ya había oscurecido cuando despertó de un salto. Olvidándose que estaba en una rama, comenzó a caer. Mientras caía, su mano abierta agarró una rama, y la apretó fuertemente. Estando colgado allí, escuchó una voz que le decía: " suelta la rama" pero como había tanta oscuridad, él no se atrevió a soltarla. Aquel hombre permaneció colgado hasta el amanecer sólo para descubrir que estaba a pocos centímetros del suelo. Estuvo colgado en aquel árbol toda la noche experimentando un fuerte dolor y un gran cansancio, cuando pudo haberse dejado caer al suelo sin problemas.

Nosotros también a veces nos aferramos al pecado. Nos sentimos cansados y condenados por mucho tiempo. Sin embargo, sólo estamos a " pocos centímetros" del perdón y de experimentar la paz con Dios.

La situación es trágica en la vida humana cuando la persona se halla lejos de Dios. Hay confusión, distorsión, culpa y desesperanza. El hombre está fuera de su elemento. Porque fuimos hechos por Dios para estar en compañía de Dios. El caos se vuelve orden solamente cuando la gente halla su camino a través de Cristo para regresar al íntimo compañerismo con Dios.

La invitación de Jesús es muy clara:Vivamos hoy en paz al confesar y arrepentirnos de nuestros pecados. No debemos permitir que la vergüenza de confesar impida la paz interior y el gozo de ser perdonados. Que Dios nos ayude a tratar con el pecado inmediatamente.

El deseo y la decisión de cambiar de dirección en nuestras relaciones con Dios se llama arrepentimiento. El arrepentimiento es cuando descubrimos, que nos hemos equivocado y decidimos volver al Padre pidiendo perdón.
Te invito a reflexionar en 2 Pedro 3:9  y acepta ésta invitación:“El Señor no demora en cumplir su promesa, como algunos piensan, sino que es paciente con nosotros, porque no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” 

domingo, 15 de julio de 2012

El poder intenso del perdón

Relato: En Sudáfrica se presenciaron muchos momentos increíbles de curación emocional durante las audiencias de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación realizadas después de la caída del apartheid, que separó las razas y causó tanta injusticia y dolor por generaciones en esa gran nación.

Durante una audiencia, una mujer negra se sentó en la silla de los testigos, enfrentando al comandante que había ordenado que su esposo y su hijo  de 16 años fuesen muertos por "causar caos" durante demostraciones contra el apartheid.

Este comandante ordenó que el hijo fuese muerto y quemado enfrente de ella, y que sus huesos y cenizas fuesen llevados a otra parte. Más tarde, el mismo comandante, en una operación horripilante a media noche, llevó preso a su esposo, y despues de 2 años, lo mató, quemó su cuerpo y desechó los huesos y las cenizas.


Se produjo un silencio total en la sala cuando se le preguntó a la mujer, que lloraba, qué debería hacerse con el comandante, quien había admitido ser el hombre que había ordenado esas atrocidades contra aquella familia.
Todos miraban en dirección de la mujer que estaba en el estrado de los testigos. El silencio era palpable.
La mujer levantó la vista tristemente y miró directamente a los ojos del comandante, nervioso y sudoroso. Ella sólo tenía 3 cosas que decir. Humildemente preguntó: "¿Puede usted llevarme al lugar donde están los huesos y las cenizas de mi esposo y de mi hijo? Quisiera darles un entierro digno. " Entonces agregó: "Lo perdono y Dios también lo perdonará." Luego en una liberación espontánea de un dolor abrumador, le dijo al comandante: "!No tengo a nadie a quien amar! Usted destruyó a los únicos seres a quienes alguna vez amé. ¿Hay alguna forma de que usted pueda venir a mi casa de  vez en cuando para aprender a amarlo?"
Toda la sala del tribunal se sintió sobrecogida por sus palabras y hubo una explosión espontánea de exclamaciones y de llanto entre el gentío pasmado que presenció el encuentro.


El poder del perdón va más allá de meramente " dejarlo en el pasado." Dios puede verdaderamente liberar a un alma torturada, mediante el poder del perdón.
Lo que esta mujer demostró excede por lejos las palabras vacías que oímos acerca del perdón. El perdón que el comandante recibió en ese día demuestra que el poder de Dios transforma vidas de un modo que quizá jamás hemos imaginado. Increíblemente, !el comandante y su familia llegaron a ser amigos íntimos de la mujer que había perdido todo por ese hombre.!

Un discípulo de Cristo comienza el viaje de fe experimentando primeramente el perdón en su vida. El perdón es el puente que se tiende en el abismo que nos separa de Dios. La reconciliación comienza cuando Dios nos perdona y se nos abren nuevos horizontes de luz y esperanza con él.
El apóstol Juan escribió: " Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad." ( 1 Juan 1:9)

Doctrina: Si bien es cierto que Dios es misericordioso, no puede perdonar a los que se aferran al pecado ( Jeremías 5:7). El perdón tiene un propósito, Dios desea transformar a los pecadores en santos: "Deje el impío su camino y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro , el cual será amplio en perdonar." (Isaías 55:7)
(Creencias de los adventistas del 7° día , página 120 )