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martes, 19 de febrero de 2013

El mensaje ...completo.

La batalla de Waterloo es una de las más decisivas de la historia. Los dos generales enfrentados fueron el duque de Wellington, que comandaba los ejércitos ingleses, y Napoleón Bonaparte, que dirigía a los franceses. El pueblo de Inglaterra esperaba con ansiedad las noticias de la batalla, las cuales fueron enviadas por un barco a la costa sur de Inglaterra y transmitidas mediante señales de luz a la torre de la catedral de Winchester, y desde allí fueron enviadas por el mismo método a Londres.

El mensaje comenzó a llegar lentamente a Londres: W-E-L-L-I-N-G-T-O-N-D-E-R-R-O-T-A

En este momento una densa neblina impidió que se recibiera más información. Este mensaje incompleto llegó a Londres. El pueblo quedó muy confundido y comenzó a prepararse para defender al país contra los franceses; pero la neblina se levantó y las señales comenzaron a llegar de nuevo.


Ya podrás imaginarte la emoción que hubo cuando se recibió el mensaje completo:
W-E-L-L-I-N-G-T-O-N-D-E-R-R-O-T-A-A-L-E-N-E-M-I-G-O

Después de su crucifixión de Jesús, sus seguidores se sintieron totalmente indefensos. Como no habían entendido completamente su misión, el mensaje que parecían recibir de la cruz era:
J-E-S-U-S-D-E-R-R-O-T-A

No hay duda de que así se sintieron durante el sábado que Jesús descansó en la tumba. Sin embargo, en la mañana del domingo, un terremoto anunció que el mensaje estaba incompleto. Un ángel, cuya apariencia se describe "como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve", se apareció a las mujeres que habían venido a la tumba, y les dio el mensaje completo:
J-E-S-U-S-D-E-R-R-O-T-A-L-A-M-U-E-R-T-E.
Luego se les ordenó que fueran pronto y dijeran a los discípulos que Jesús había resucitado. Nosotros debemos ir "pronto" a decir a nuestros vecinos, familiares y amigos que Jesús se levantó de la tumba y desea encontrarse con ellos en las nubes de los cielos.

Principio:
"Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios."(Heb. 12: 2.)

lunes, 21 de enero de 2013

Victorias miserables

¿Has oído hablar de Pirro (318-271 a.C), el famoso rey de Epiro, en la antigua Grecia?

Se dice que cierto día Pirro estaba escuchando el sonido de dos flautas. Una dejaba oír una música alegre; la otra, una música sombría. Entonces uno de los músicos preguntó:
- Su majestad, ¿cual de las dos ejecuciones le gusta mas?
-Ninguna- respondió Pirro-. El sonido que más me gusta es el de las espadas al golpear una contra la otra. Y el de una flecha cuando sale disparada del arco.
Y es que a Pirro le gustaba la guerra. Tenía poder, fama y riquezas, pero su inquieto espíritu guerrero le impedía disfrutar de lo que tenía. Quería someter el mundo entero bajo el poder de su espada.
Fue esa ambición la que lo motivó a atacar a Roma. Muchos intentaron desanimarlo, pero el testarudo rey no escuchó razones. Después de una furiosa batalla, al final del día la balanza se inclinó ligeramente en favor de Pirro, pero a un costo de vidas muy elevado para su ejército.
Se cuenta que mientras Pirro recorría el campo de batalla evaluando las pérdidas, uno de los soldados lo felicitó por la victoria. Entonces Pirro, con rostro sombrío, respondió:
-Otra victoria como esta, mi amigo, y estamos arruinados.

Hoy nadie recuerda a Pirro por sus conquistas en el campo de batalla. En cambio lo recordamos por las victorias "pírricas": que son las que se obtienen a un costo muy elevado.
Si algo nos enseña esta experiencia es que:
1.- Debemos ser cuidadosos al seleccionar nuestras batallas. ¿A qué causa dedicarás tus talentos, tus recursos, tus energías? ¿Por qué no le pides a Dios que ponga en tu corazón un proyecto, un ministerio que glorifique su nombre?
2.- También podemos aprender que en la vida algunas conquistas pueden arruinar nuestro carácter. Por ejemplo, si para poder graduarte tienes que hacer trampa en los exámenes; si para conquistar el amor de una persona debes recurrir al engaño; si para lograr el ascenso en tu trabajo tienes que  calumniar a un colega; en cada caso estarás pagando un precio demasiado elevado: la contaminación de tu carácter y la deshonra al nombre de Dios.

PROMESA:
"No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque Jehová estará con vosotros." 2 Crón. 20: 17.