Enciende una luz. Eso fue lo que hicieron los cristianos en Rumania, cuando sus libertades civiles y religiosas fueron suspendidas bajo el régimen de Nicolae Ceausescu. Este impecable dictador estableció un férreo sistema de censura que controlaba incluso lo que se predicaba en los templos.
Bajo estas circunstancias era virtualmente imposible cumplir la misión de la iglesia. Hasta que apareció en el panorama un sencillo pastor con las agallas suficientes para denunciar la opresión que sufría el pueblo rumano. Su nombre: Laszlo Tokes. Bajo su liderazgo, una modesta iglesia, integrada mayormente por ancianos, creció de manera asombrosa hasta alcanzar los 5 mil miembros, !en apenas 2 años!
La reacción del régimen no se hizo esperar. Lo amenazaron. Le prohibieron comprar alimentos, le cortaron la línea telefónica y le dieron una fecha para salir del país.
En el día fijado para la expulsión del pastor Tokes, la policía lo fue a buscar a su iglesia, pero allí se toparon con una muralla humana. Miles de cristianos, tomados de la mano, cantaban: "Somos uno en Cristo". Cuando llegó la noche, una multitud con velas encendidas rodeó la iglesia.
Cuando amaneció, el número de personas había aumentado. Al ver que la situación se les iba de las manos, los policías entraron a la iglesia, pero no encontraron a Tokes. Entonces abrieron fuego contra la multitud. Grave error. La protesta se extendió a otras partes del país. A los pocos días, el sangriento régimen llegara a su fin.
¿Cómo logró Tokes motivar a sus feligreses? Les predicó que cada uno debía brillar para Cristo. Y brillaron. Entre ellos estuvo Daniel Gavra, un joven que perdió una pierna como consecuencia de una bala que lo alcanzó durante la protesta. Cuando su pastor lo fué a visitar al hospital, Daniel simplemente dijo: "No lamento haber perdido la pierna. A fin de cuentas, fui yo quien encendió la primavera vela esa noche".
Y tu ¿brillarás hoy para Cristo?
PRINCIPIO:
"Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede
esconder". Mateo 5:14
Seguidores
Mostrando entradas con la etiqueta luz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta luz. Mostrar todas las entradas
sábado, 9 de febrero de 2013
miércoles, 23 de enero de 2013
Faroleros
A María le encantaba escuchar las historias de su abuela. Una tarde, mientras el sol se ocultaba, se sentaron ambas en el jardín. Las estrellas empezaron a brillar, y María dijo:
-Un bello atardecer, ¿verdad, abuela?
-Sí, María. He visto muchos atardeceres, pero nunca dos que sean exactamente iguales. Las estrellas que empiezan a brillar esta noche me hacen pensar en el farolero.
María no había escuchado acerca de este hombre, y le preguntó:
-Abuela, ¿y qué hacía el farolero?
- El farolero encendía las lámparas en los postes de las calles de la pequeña ciudad en donde yo crecí- le dijo la abuela-. Cuando yo era joven no había luz eléctrica, y en las noches oscuras la gente llevaba faroles cuando salía. Después aparecieron las maravillosas lámparas de gas. Mi casa estaba sobre una colina, y yo podía ver gran parte del pueblo. Al anochecer, el farolero comenzaba su trabajo. Llevaba una vara larga que tenía un gancho en la punta. Con este gancho abrió el gas en las lámparas y las encendía, y muy temprano en la mañana las apagaba.
-Un bello atardecer, ¿verdad, abuela?
-Sí, María. He visto muchos atardeceres, pero nunca dos que sean exactamente iguales. Las estrellas que empiezan a brillar esta noche me hacen pensar en el farolero.
María no había escuchado acerca de este hombre, y le preguntó:
-Abuela, ¿y qué hacía el farolero?
- El farolero encendía las lámparas en los postes de las calles de la pequeña ciudad en donde yo crecí- le dijo la abuela-. Cuando yo era joven no había luz eléctrica, y en las noches oscuras la gente llevaba faroles cuando salía. Después aparecieron las maravillosas lámparas de gas. Mi casa estaba sobre una colina, y yo podía ver gran parte del pueblo. Al anochecer, el farolero comenzaba su trabajo. Llevaba una vara larga que tenía un gancho en la punta. Con este gancho abrió el gas en las lámparas y las encendía, y muy temprano en la mañana las apagaba.
¿Has pensado alguna vez que tú eres un farolero de Dios?
Si eres feliz y haces lo que puedas por otros; si eres amable y generoso(a), dulce y bueno (a), seguramente estarás encendiendo una lámpara que consolará y ayudará a alguien que vive en tinieblas y dificultades. Si eres fiel y honesto(a), alumbrarás el camino de otros que pueden estar sufriendo porque no saben adonde ir.
PROMESA:
"Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder."
Mateo 5:14
sábado, 29 de diciembre de 2012
Correr sin equivocarse
Cada cuatro años se reunen los atletas de muchos países para competir por las medallas de oro, de plata y de bronce en los Juegos Olímpicos. Cuando se entregan las medallas, se escuchan las notas del himno nacional de los ganadores de las medallas de oro.
Los Juegos Olímpicos se inauguran con una ceremonia que se inicia encendiendo la llama olímpica. Como los primeros juegos se iniciaron en Olimpia, ciudad de Grecia, el fuego se atrae desde allí por medio de corredores seleccionados, por barco y por avión. El último corredor enciende la llama olímpica.
En 1964 los juegos olímpicos se celebraron en el Japón. El atleta seleccionado para encender el fuego olímpico en la gigantesca antorcha fue un joven de 19 años de edad. Fue escogido por su carácter, su habilidad y su desarrollo atlético. Subió los 163 peldaños, colocó la antorcha en el lugar indicado, y se encendió una llama gigantesca. Los juegos quedaron oficialmente inaugurados.
Un reportero le preguntó a este joven cómo había podido correr sin equivocarse en ningún detalle, y él respondió: "Me preparé para este momento. La antorcha que yo llevaba se consumiría en 9 minutos, y todo dependía de mí. No podía detenerme; tenía que correr, correr, correr. Yo estuve listo porque di todo lo que tenía."
Los Juegos Olímpicos se inauguran con una ceremonia que se inicia encendiendo la llama olímpica. Como los primeros juegos se iniciaron en Olimpia, ciudad de Grecia, el fuego se atrae desde allí por medio de corredores seleccionados, por barco y por avión. El último corredor enciende la llama olímpica.
En 1964 los juegos olímpicos se celebraron en el Japón. El atleta seleccionado para encender el fuego olímpico en la gigantesca antorcha fue un joven de 19 años de edad. Fue escogido por su carácter, su habilidad y su desarrollo atlético. Subió los 163 peldaños, colocó la antorcha en el lugar indicado, y se encendió una llama gigantesca. Los juegos quedaron oficialmente inaugurados.
Un reportero le preguntó a este joven cómo había podido correr sin equivocarse en ningún detalle, y él respondió: "Me preparé para este momento. La antorcha que yo llevaba se consumiría en 9 minutos, y todo dependía de mí. No podía detenerme; tenía que correr, correr, correr. Yo estuve listo porque di todo lo que tenía."
Jesús fue escogido como el último corredor para traer la luz del Cielo a la tierra.
PROMESA:
Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no
andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida." Juan 8: 12
viernes, 13 de julio de 2012
Adquiere una mejor perspectiva de la vida.
La adoración es la actitud de humildad, reverencia, honor, devoción que señalan adecuadamente las relaciones entre nosotros como seres creados y nuestro Creador, particularmente en su presencia.
Y para repasar los múltiples beneficios de la adoración quiero compartirles el siguiente RELATO: “Un forastero pasaba cerca de una mina muy importante, en tiempos cuando no había vehículos de motor. Al observar el campo estaba lleno de caballos, mulas, y el preguntó a una persona que andaba por allí, el porqué había tantos animales. A lo que le respondieron: Estos animales trabajan en las minas durante la semana y las sacan los sábados a la luz del sol para evitar que se queden ciegos.”
La adoración es así. Es un tiempo que dedicamos para que nuestros ojos se abran espiritualmente, nuestra mente tenga mejor perspectiva de la vida y nuestro corazón lo dediquemos a Dios. El profeta Isaías fue al templo y vio al Señor en una luz diferente: el salmista fue al templo y vio la vida con una nueva perspectiva; el publicano fue al templo y se vio a sí mismo en la perspectiva correcta. Y si tu vas a la iglesia eso te ayudará a conservar a Dios, la vida y todo en la mejor perspectiva.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



